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Quien olvida su pasado, no comprende su presente

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EL BANQUETE ROMANO

Frente a la “cena” cotidiana (comida principal para el romano y generalmente realizada en familia), el banquete o “convivium”, era una ocasión especial para celebrar junto con los amigos festividades públicas, acontecimientos familiares (nacimientos, matrimonios), o para honrar a amigos y personajes relevantes de la vida pública, aunque evidentemente para los más ricos cualquier ocasión era buena.

El banquete romano tienen un relevante carácter social: es un momento de encuentro y entretenimiento en el que al placer de la buena mesa se une el de la conversación con los amigos, pero también sirve para mostrar la riqueza y posición social del anfitrión. Como en otras muchas actividades de la vida romana hay un lugar para los dioses: a los Lares (protectores de la casa) y a Baco (dios del vino) se les ofrecían en diferentes momentos de la celebración alimentos y libaciones de vino, ofrendas que también iban dirigidas a apaciguar los espíritus de los antepasados.

El banquete solía comenzar tras la visita vespertina a las termas, hacia las 4 u hora décima. Se dividía en dos partes: durante la primera tenía lugar la “cena” y en la segunda, siguiendo la costumbre griega del simposio, se celebraba la “comissatio”, principal momento de la reunión, dedicado al consumo de los vinos más selectos y a disfrutar de la tertulia y otros entretenimientos. Su duración, que podía alargarse hasta altas horas de la noche, dependía del estatus social del anfitrión y del carácter más o menos festivo de los invitados.

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